-Describe un paisaje, por favor.+¿Cómo quieres que sea?-Piensa.+Eres tú el que me lo ha pedido, piensa tú.-Parecido al cielo. +¿Cómo?-No lo entiendas, descríbelo.+Es... grande, sin fin alguno.-Efectivamente, ¿qué entiendes ahora?+¿Lo mucho que me quieres? -No, lo que puede durar que estemos así.+¿Así cómo? Llevas varios meses sin demostrarme nada.-Sabes que yo lo demuestro en un momento determinado, no lo vuelvo a demostrar, se me queda.+Te equivocas, aún hay algo que no me has demostrado.-Dime tú.+Que me puedes ver.-No te lo crees, no es culpa mía, intento hacértelo ver, ¿a que lo piensas?+Yo no veo nada, me cabreas.-Te cabreas tú sola, sabes que te estoy siguiendo pero intentas verlo desde un punto de vista realista.+Deja de cabrearme, por favor.-Métete en la cama y duérmete, mañana nos espera un buen día.
Recordáis que Clotilde había intentado y estaba, junto con Martín, llegar a un estado mental tranquilo, y de paz, pero resulta ser, que nunca llegó. Creían que sí porque habían tenido una temporada muy buenas, pero no, siempre había algo detrás que hacía que ese estado de paz y de control emocional nunca llegara. ¿Por qué era tan difícil? ¿por qué el ego superaba siempre ese estado mental al que querían llegar? Clotilde se había visto así misma sentada en la tierra, en la tierra de un bosque donde sólo estaba ella y una arboleda con un color verde naturaleza que jamás había visto antes. Sentada, agachada con los brazos abrazándose a ella misma mientras cogía un poco de tierra del suelo y se fundía con ella, y a su vez pedía perdón, por no llegar, por no ser, por no entenderse y por dejar que el ego y las emociones pudieran con ella. Pidiendo permiso a la tierra para poder fundirse con ella y extenderse esos ramilletes de tierra desgastada y verde sobre sus piernas y brazos, llorab...
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