Era muy difícil, muy difícil. Clotilde sabía todos los días, que era malo, muy malo, y no dejaba de pensarlo y sobre todo de sentirlo cada vez que se daba la ocasión. Martín había conocido a dos chicas en el trabajo que las había convertido en sus amigas, amigas que jamás había tenido antes. Martín se las había presentado, principalmente porque quedaban habitualmente al final de cada semana, sobre todo los viernes. Para Martín era algo normal, pero para Clotilde, no era así, le provocaba un sentimiento de inseguridad y de posible pérdida, importante, y más, con sus hijos. Cada vez que se acercaba el día en el que Martín quedaba con las compañeras de trabajo/amigas con ellas, a veces, yendo Clotilde, otras sin ir, a Clotilde se le venía el mundo encima, porque como digo, para ella no era normal y le provocaba un sentimiento horrible de inseguridad. Semanas más tarde, cuando ya no podía más, cosa que se prometió que no haría porque dijo que a partir del punto en el que se encontraba...
Cada día mejoraba aún más su situación, pero eso no sería lo único, iban a tener una gran sorpresa, después de varios meses de la inauguración, una visita que no se esperaban, al menos, tan pronto. Los padres de Clotilde, sin avisar, se presentaron en Suecia. Una visita esperada pero a la vez, inesperada tanto para Clotilde, como para Martín, pero aún más, para los pequeños. El mensaje de su madre: 'cariño, ¿estáis en casa?' la dejó totalmente sorprendida, porque, como ya sabéis, los padres sabían que su casa, ya no era España. Así que, minutos más tarde después de asumir el mensaje, Clotilde le respondió diciéndole: 'Claro, ¿Dónde estáis vosotros?' y ante ese mensaje, su madre la llamó por teléfono diciéndole: 'Cariño, nos recoges en el aeropuerto?' A Clotilde ahí se le cayó el teléfono. Martín preguntó inmediatamente a Clotilde y asustado qué había ocurrido, a lo que Clotilde le contestó - Amor, ¡mis padres están aquí!- Martín, sin palabras, cogió el teléfon...