Recordáis que Clotilde había intentado y estaba, junto con Martín, llegar a un estado mental tranquilo, y de paz, pero resulta ser, que nunca llegó. Creían que sí porque habían tenido una temporada muy buenas, pero no, siempre había algo detrás que hacía que ese estado de paz y de control emocional nunca llegara. ¿Por qué era tan difícil? ¿por qué el ego superaba siempre ese estado mental al que querían llegar? Clotilde se había visto así misma sentada en la tierra, en la tierra de un bosque donde sólo estaba ella y una arboleda con un color verde naturaleza que jamás había visto antes. Sentada, agachada con los brazos abrazándose a ella misma mientras cogía un poco de tierra del suelo y se fundía con ella, y a su vez pedía perdón, por no llegar, por no ser, por no entenderse y por dejar que el ego y las emociones pudieran con ella. Pidiendo permiso a la tierra para poder fundirse con ella y extenderse esos ramilletes de tierra desgastada y verde sobre sus piernas y brazos, llorab...
Era muy difícil, muy difícil. Clotilde sabía todos los días, que era malo, muy malo, y no dejaba de pensarlo y sobre todo de sentirlo cada vez que se daba la ocasión. Martín había conocido a dos chicas en el trabajo que las había convertido en sus amigas, amigas que jamás había tenido antes. Martín se las había presentado, principalmente porque quedaban habitualmente al final de cada semana, sobre todo los viernes. Para Martín era algo normal, pero para Clotilde, no era así, le provocaba un sentimiento de inseguridad y de posible pérdida, importante, y más, con sus hijos. Cada vez que se acercaba el día en el que Martín quedaba con las compañeras de trabajo/amigas con ellas, a veces, yendo Clotilde, otras sin ir, a Clotilde se le venía el mundo encima, porque como digo, para ella no era normal y le provocaba un sentimiento horrible de inseguridad. Semanas más tarde, cuando ya no podía más, cosa que se prometió que no haría porque dijo que a partir del punto en el que se encontraba...