Después de llevar meses en Suecia, con la escuela infantil inaugurada, Clotilde comenzó a pensar en informarse a través de libros, introspecciones esotéricas consigo misma, sobre las situaciones que, como ya dije en capítulos anteriores, no tenían explicación como tal.
Compartiendo todas estas inquietudes con Martín, al final, juntos, comenzaron esta nueva aventura esotérica a través de rituales de calma, autodescubrimiento, y paz interior para volver a encontrarse a sí mismos, pero juntos. Se dieron cuenta de que siendo así, podrían llegar al fondo de muchas de las discusiones que anteriormente tenían, para poder sanar, ponerle remedio y seguir avanzando hacia el camino que habían construido juntos.
Desde que se metieron en el mundo del esoterismo, no faltaban en casa velas, incienso, tarots, libros sobre esoterismo y objetos de limpieza espiritual. Y también, desde entonces, no faltaban en casa un día en el que no estableciesen un día para hacer su ritual de calma, de paz y de reflexión.
Cada día que pasaba, mejor se sentían, y poco a poco, se terminaban adaptando a su nueva vida y descubriendo otros mundos dentro del que ya vivían.
Martín cada día se sorprendía aún más, de saber que el esoterismo no sólo servía para hacer rituales de un tipo específico, sino que también servía para establecer una conexión con aquellos que ya no están y hacerles sentir que siguen presentes en nosotros. Esto le emocionaba, saber que podría establecer una conexión más cercana, más "humana" con sus padres, era algo que jamás se imaginaría que podría ocurrir, porque, como siempre digo, no se pierde lo que no se olvida, y sobre todo, descubrir un mundo nuevo junto al amor de su vida y sus pilares más importantes: sus hijos.
El mundo esotérico es otro mundo nuevo digno de descubrir.
Comentarios
Publicar un comentario