Era muy difícil, muy difícil. Clotilde sabía todos los días, que era malo, muy malo, y no dejaba de pensarlo y sobre todo de sentirlo cada vez que se daba la ocasión. Martín había conocido a dos chicas en el trabajo que las había convertido en sus amigas, amigas que jamás había tenido antes.
Martín se las había presentado, principalmente porque quedaban habitualmente al final de cada semana, sobre todo los viernes.
Para Martín era algo normal, pero para Clotilde, no era así, le provocaba un sentimiento de inseguridad y de posible pérdida, importante, y más, con sus hijos. Cada vez que se acercaba el día en el que Martín quedaba con las compañeras de trabajo/amigas con ellas, a veces, yendo Clotilde, otras sin ir, a Clotilde se le venía el mundo encima, porque como digo, para ella no era normal y le provocaba un sentimiento horrible de inseguridad.
Semanas más tarde, cuando ya no podía más, cosa que se prometió que no haría porque dijo que a partir del punto en el que se encontraban intentarían hablarlo todo por la salud mental de la pareja y por la familia, se sentó a hablar con Martín.
Cuando la conversación ya empezó con un - Amor, tengo que hablar contigo seriamente-, Martín ya se temía que algo no iba bien. Martín ya se olía por cómo estaba Clotilde estas últimas semanas, qué camino iba a coger la conversación. Martín a mitad, la paró diciéndole: - Cariño, ¿podrías explicarme por qué no me has comentado todo esto cuando notaste que no estabas bien? -. Clotilde, llorando le dijo que había fallado, que por no hacerle daño porque sabía que no estaba siendo coherente con sus sentimientos, se había callado.
Martín, suspirando, y mirándola con la ternura habitual, le dijo: - Amor, está bien. Yo no quiero dejarte, y te quiero, me da igual cuántas mujeres, hombres o directamente personas, pasen por mi vida, pero sí quiero que tengas en cuenta, que personas, pasarán muchas por mi vida, y no por eso, voy a tener la intención de dejarte ni tengo intención de cambiar mis sentimientos hacia ti.-. Clotilde añadió: - Yo no quiero crearte ningún tipo de inseguridad, ni tengo intención de dejarte, ni tengo intención de dejar de sentir lo que siento, pero necesito que esto no nos afecte a la relación, por eso no quería ocultarte más lo que esta situación me provocaba y hablarlo contigo, que, por otro lado, ¿con quién mejor que contigo para hablar cualquier cosa, no?-. Añadió entre risas y llantos a su vez.
Martín, aliviado por la mejora de la situación, le dijo que no todo podía ser color de rosas, y que no vivían en una utopía para que todo fuese color de rosas, que el llevar una familia, una casa, un matrimonio y una familia, no es moco de pavo, y que bueno, que las relaciones no son fáciles, que lo importante sobre todo, es ir en el mismo barco, y ellos, llevaban años en el mismo.
Clotilde, más animada, le dio un beso y le dio las gracias, por entenderla, y sobre todo, por entender el que no lo dijera antes.
Clotilde era una persona que se juzgaba mucho siempre, pensaba que todo era culpa suya y que todo lo malo que pasaba tenía que ver con ella, (problema de ego) si me preguntáis. Por eso decidió que era buena opción, recurrir a un terapeuta para solucionar los problemas emocionales que acarreaba y que no tuvo tiempo nunca ni de ver, ni de tratarse durante muchos, muchos años.
El reconocer que hay un problema, pedir ayuda y aceptar esa ayuda, también es de mujer valiente, fuerte, e independiente.
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