Sigo con la historia de este chico.
'Voy a contar las historias más alegres esta noche' decía, basándose en Pablo Neruda.
Las historias son alegres, aunque ahora se siente algo perdido, agobiado y en tensión, la vida de adulto le sobrepasa, a veces se siente asfixiado aunque no lo parezca. Todos avanzan, él sigue apalancado buscando el camino adecuado hasta llegar a lo que quiere, que lo que quiere, bien sabe Dios que lo tiene claro, pero se siente, perdido, aturdido, con la cabeza en mil mundos que no llegan a ninguna parte.
Está feliz, se siente feliz, a los suyos les va bien, están avanzando, por fin están haciendo lo que quieren hacer y por fin todo va a mejor, la cosa avanza, pero tiene que encontrarse para así buscar el camino.
Tiene otro problema que ha de superar, uno muy gordo: dejar de pretender que la gente de lo que él espera que den. Eso está haciendo que no sepa quién es él porque cree que los demás lo saben mejor que él.
Conseguir confianza en él mismo, ese es uno de los caminos que le llevará a lo que quiere a la velocidad de la luz.
Sí he de decir, que es uno de los momentos más felices y decisivos de su vida así, que, seguimos progresando porque sigue mejorando su actitud y su vida con esa posición emocional.
Se siente agradecido por todos aquellos momentos felices por los que está pasando y por todos aquellas persona que hacen posible esos momentos aunque haya veces que los sienta lejos.
Recordáis que Clotilde había intentado y estaba, junto con Martín, llegar a un estado mental tranquilo, y de paz, pero resulta ser, que nunca llegó. Creían que sí porque habían tenido una temporada muy buenas, pero no, siempre había algo detrás que hacía que ese estado de paz y de control emocional nunca llegara. ¿Por qué era tan difícil? ¿por qué el ego superaba siempre ese estado mental al que querían llegar? Clotilde se había visto así misma sentada en la tierra, en la tierra de un bosque donde sólo estaba ella y una arboleda con un color verde naturaleza que jamás había visto antes. Sentada, agachada con los brazos abrazándose a ella misma mientras cogía un poco de tierra del suelo y se fundía con ella, y a su vez pedía perdón, por no llegar, por no ser, por no entenderse y por dejar que el ego y las emociones pudieran con ella. Pidiendo permiso a la tierra para poder fundirse con ella y extenderse esos ramilletes de tierra desgastada y verde sobre sus piernas y brazos, llorab...
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