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Una equivocación que se convirtió en la mejor decisión.

De vuelta de las vacaciones, Clotilde y su familia volvieron mucho, mucho más renovados, más calmados y sobre todo, más felices, dándose cuenta de lo que verdaderamente tenía valor en la vida: el estar en ella y tener en cuenta cada momento bonito que tenían, y sobre todo, la importancia de conocerse y tratarse. 

El valorar y disfrutar cada momento, hacía que la vida fuese mucho más bonita, y mucho menos injusta. También os digo que una cosa es valorar cada momento y cada segundo de nuestra vida, y otra muy distinta es negar lo innegable y negar que todo era de color de rosas y que no había momentos malos, el creer eso era vivir en una utopía (una mentira para que me entendáis). Clotilde en teoría, se había levantado con buen pie, acababa de cobrar, y eso como a todos, la ponía aún más contenta. Tenía que comprar unos vuelos para verano para irse de vacaciones con su familia, pero se equivocó de destino y de fecha, y preguntaréis, ¿y cómo es posible? primero, porque no había desayunado, y dos, porque no estaba atenta a lo que estaba haciendo ni comprando a través de su teléfono. Así que al cabo de una hora, revisando que los billetes tanto para sus hijos como para su marido y para ella estaban comprados, se quedó como un bloque de hielo cuando vio fecha y destino equivocados -¡NO PUEDE SER!- Gritó como si no hubiera un mañana. Al darse cuenta, estuvo durante hora y media contactando con la compañía a través de la que había comprado los vuelos para ver si conseguía cancelar los vuelos y volverlos a pedir de nuevo. No andaban abollantes de dinero ese mes porque había tenido que pagar bastantes extras. Resulta ser que Clotilde no tuvo narices de contactar con una persona por teléfono, y por la aplicación de la compañía no le daba la opción de cancelar los vuelos. ¿Qué tuvo que hacer? pues... después de gastarse 10 euros más en contratar un seguro para el vuelo que no quería para que le permitiera cancelar y no servir de nada, se tuvo que rendir y lo único que se le permitía hacer, era cambiar de fecha, no de destino ni cancelarlo, así que, con una resignación y un cabreo consigo misma considerable, decidió cambiar las fechas y avisar a su familia de que se irían a otro destino, sin saber aún que el destino que había escogido sería el más deseado por toda su familia más que el destino original. 

Muchas veces una equivocación puede llevar a aciertos que no sabemos que pueden ser aciertos y muchas veces, la mejor decisión. 

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