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Jueves, 2 de abril de 2020

Gerardo estaba sentado en la silla de su escritorio con su ordenador, encerrado en su habitación, cuando de repente, escuchó a sus padres discutir sobre él. No sabía por qué, ni a qué se debía. Salió de la habitación y les preguntó a sus padres qué pasaba, y su madre no hacía más que reprocharle que estaba todo el día en su habitación y que no hacía nada con su vida. Su padre era todo lo contrario, él sabía que algo había detrás de ese encerramiento con su ordenador en su habitación, y efectivamente, así era, Gerardo no hacía más que dar explicaciones sobre lo que estaba haciendo, que era crear proyectos para llevarlos a una empresa y encontrar trabajo para independizarse e irse de casa.
Su padre siempre le entendió, sabía que algo ocurría en la cabeza de aquel muchacho, sin que antes de todo esto, él diera algún tipo de explicación. Todo lo contrario a su madre, que siempre pensó que tenía muchos pájaros en la cabeza y que estaba muy perdido.
Después de tal bronca, sin llegar a un acuerdo, sus padres se fueron por separado a dar un paseo mientras Gerardo volvía a su misión.
Días más tarde, Gerardo comunicó a su familia mientras hacía la maleta que se iba a trabajar fuera de la ciudad, que le había salido un trabajo.
Su madre no se lo creyó, y le dijo que muy bien, pero que dentro de tres meses estaba de vuelta. Su padre le dio un abrazo y le dijo: 'te quiero, hijo.'
Al día siguiente, cuando llevaban a su hijo a la estación, a su padre se le saltaron las lágrimas, y su madre le consolaba diciéndole que no se preocupara tanto, que volvería en tres meses, a lo que su padre contestó: 'no va a volver, es definitivo.' con las lágrimas saltadas.
Cinco meses más tarde, nos veíamos a Gerardo fuera de su zona de confort, con un piso independiente y un trabajo estable. Su madre fue entonces cuando se puso a llorar fuerte y dijo: 'que se ha ido, Jesús'. y él respondió: 'ahora entiendes por qué me puse a llorar, ¿verdad?
La desconfianza no es un método efectivo en ninguna circunstancia, pero mucho menos, en un hijo.
La vida da muchas vueltas y lo que parece ser un simple juego, se puede convertir en un cambio para el resto de la vida.

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