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Si empiezas bien, acabas bien.

Se había vuelto loca. Clotilde se había levantado muy cantarina, se había preparado el desayuno bailando, cortando el pan bailando, preparando su café bailando... Todo. María se había levantado, había llegado a la cocina y había visto a Clotilde bailar y le dijo: 'te vas a hacer daño, loca.' a lo que Clotilde la cogió y se pusieron a bailar al son de 'Bien Alta la Mirada' de Amaral. María se contagió de la felicidad de Clotilde y las dos se pusieron a bailar y a cantar. Sus padres llegaron y las vieron bailar y cantar y lo único que dijeron fue: 'ojalá así el resto de sus vidas.'.
María no dejó de pensar que tanto ella como Clotilde estaban locas, pero le encantaba estar así. Se había contagiado y le encantaba.
Prepararon el desayuno juntas y se fueron a la mesa a desayunar, María le dijo a su hermana: 'Es el mejor momento del día, sin duda.' Clotilde cogió el álbum de fotos de la casa y le enseñó fotos de su hermano Gerardo, de Rosalía, y de su sobrino. A María se le caían las lágrimas al ver que formaba parte de una familia llena de amor verdadero. Para ella, eso era el amor verdadero. El descubrir que sus nuevos hermanos eran felices, que Rosalía y su marido estaban disfrutando de su pequeño hijo, que Gerardo se había casado por fin con el amor de su vida y que tenía una hermana maravillosa viviendo con ella y compartiendo todo lo que jamás pensó que compartiría después de salir del orfanato.
El día siguió siendo tan maravilloso como empezó, y es que, una gran moraleja de todo esto es... que si empiezas el día bien, no tiene por qué ir mal. 

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