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Momentos especiales.

Por fin, después de 4 meses sin poder salir, Clotilde, María y toda su familia habían conseguido salir de su provincia e irse de vacaciones. El día anterior, su madre estaba preparando todo el equipaje con todos los avíos necesarios. Mientras, María, se disponía a preparar sus apuntes para llevárselos al día siguiente. Clotilde estaba dejando su ordenador preparado para poderselo llevar.
Su madre estaba muy nerviosa porque tenía tantas cosas que hacer, que no le daba la cabeza para más, pero qué bien lo llevaba todo siempre, no se le pasaba ni una.
Su padre, siempre pendiente de todo, sin estar pendiente a la vez, no paraba de decir si sus hijas estaban todas listas, que tenían que salir temprano, pero siempre era el que más tarde se levantaba. Decía una cosa y al rato se arrepentía, y eso ponía histérica a su madre. Eran los nervios del día antes de salir.
A la mañana siguiente, todos estaban preparados, y su madre estaba tan nerviosa, que siempre se enfadaba con Clotilde porque era la que más tardaba y la que siempre dejaba algo para última hora. Su madre, aunque Clotilde fuera de otra forma, siempre se ponía nerviosa la mañana en que tenían que salir, formaba parte de su carácter. Pero todo siempre salía tal y como pretendía.
Clotilde se acordó de un día en el que metió la pata hasta el fondo. Salían para Barcelona, eran las 7 de la mañana, estaban en un pueblo de alrededores del suyo. Iban de camino cuando Clotilde se dio cuenta de que el regalo que tenía para su hermana Rosalía, se lo había dejado en casa. Cuando se lo dijo a su madre, le entró tal ataque de histeria, que iba conduciendo y los gritos se escuchaban hasta con la ventanilla del coche cerrada. Había unos 30 kilómetros desde el pueblo donde estaban hasta el suyo, una media hora aproximadamente. Llegó a casa, cogió el regalo, vio a su padre, que no venía porque tenía que trabajaba, le dio un segundo beso de despedida, y se fueron de nuevo. La cara de su madre cambió de repente. De estar atacada, a ser la más feliz del mundo a pesar de hacerse todos los kilómetros que se había hecho. Pero Clotilde no dejó de reconocer que había metido la pata hasta el fondo, pero esta última vez, lo recordó entre risas, porque ese camino hacia Barcelona con su madre, fue el mejor de todos.
Son momentos míticos que se siguen repitiendo a lo largo de toda una vida.

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