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La pirotecnia y sus consecuencias.

Era una tarde bastante cálida de invierno en tierras sureñas, cuando Clotilde bajó al parque más cercano que tenía a Rayley, su mascota, cuando llegaron al parque, Clotilde soltó a la pequeña para que corriera, aunque siempre estaba pendiente. Corría pero siempre volvía al sitio donde estaba Clotilde. La pobre Rayley lo pasaba bastante mal porque en estas épocas navideñas, son muy típicos los petardos y a ella le daban bastante miedo, así que en un momento, se coló a través de la verja y se metió en el polideportivo que se encontraba al lado, asustada.
Clotilde, más asustada que ella, la llamó a voz en grito 'RAAAYLEEEEEEY' a lo que ella vino corriendo hacia su dueña asustada. Clotilde la amarró y se la llevó corriendo a casa, tirando Rayley de ella sin miramiento alguno. 
Cuando llegaron ambas a casa, su madre le preguntó: - ¿por qué estáis tan agitadas? a lo que ésta respondió: - mamá, Rayley no para de asustarse, ¡se ha saltado el parque y ha llegado hasta el polideportivo! ¡son los cohetes! - a lo que su madre, nerviosa añadió: - Pobre Rayley... -. 
Clotilde se llevó a Rayley a la habitación, a intentar tranquilizarla, impidiendo así que se metiera debajo de la cama y no saliera. Rosalía llamó por teléfono a Clotilde preguntando qué tal estaba el ambiente en casa, ésta contó lo sucedido y le dijo: - No te preocupes hermana, es que los pobres lo pasan mal, pero tranquila -. 
Clotilde se sentó en el ordenador y se puso a leer las publicaciones nuevas que le habían dejado sobre sus trabajos y se dio cuenta de que este tipo de cohetes no sólo afectaban a los animales, sino también a las personas, personas con enfermedades que sufren en sus carnes este tipo de pirotecnia. Sus ojos reflejaban indignación ante este tipo de actos humanos porque ella pensaba que eso era hacer daño por hacer, no por diversión, no paraba de ver publicaciones de este tipo y además, la conducta de Rayley hacía que aún se indignara más. 
La pirotecnia debe ser controlada por ley. 


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