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La llegada del bebé.

¡Clotilde se había puesto de parto! ¡LLEGABA LA BEBÉ! Sí, era una niña hermosísima, que estaba apuntito de nacer y de conocer a toda la familia que la esperaba con los brazos abiertos. 
La espera se hizo interminable, pero por fin, llegaba. 
Esa noche, Clotilde no pegó ojo en toda la noche, y Martín tampoco, los que sí que habían dormido plácidamente, eran sus hijos. A las 4 de la mañana se puso de parto y Martín corrió a avisar a la familia, y a dejar a los pequeños con los abuelos de urgencia para ir inmediatamente al hospital.
Después de horas, muchas horas esperando a su llegada, al fin el momento había llegado: - ¿Familiares de Clotilde? - Martín, desesperado, atendió nervioso: - Yo, por favor, dígame que está todo bien -. El médico, con una sonrisa de oreja a oreja, dijo: - Mejor no pueden estar y más campeonas, no las he visto, venga conmigo - Martín, llorando, acompañó al médico y allí la vio, sonriendo y con la bebé en sus bracitos. - Ya está aquí amor - Dijo Clotilde, llorando. Los dos, sin mirar a la bebé pero mirándose entre ellos, se abrazaron y se dieron el beso más bonito que se habían dado en mucho tiempo. Martín, inmediatamente después, le preguntó a ella cómo estaba, Clotilde dijo que se encontraba bien, cansada, pero bien y la bebé estaba muy bien. 
Estuvieron un par de días en el hospital hasta que se recuperaron las dos del todo.
Conforme llegaron a casa, el recibimiento no se lo esperaron: la familia al verles llegar les tenían preparada una pancarta con un 'bienvenida a clasa Glorieta'. Emocionados y con la más peque de la casa en brazos, abrazaron a sus padres y a sus peques como si se acabara la humanidad en ese momento, un momento para recordar. 
Como os podréis imaginar, los niños no eran conscientes de qué suponía ser hermanos mayores, pero sí sentían la emoción y la curiosidad de este bebé tan pequeño nuevo, tenían mucho que enseñarle.

No podían creer lo que se les venía encima: ¡se habían convertido en familia numerosa! 
¿Qué más les podría deparar el futuro?

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