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La soledad de las personas dependientes.

Clotilde había salido al supermercado con su madre cuando de repente, se encuentran a un hombre que las para y les preguntan: 'Señoras, ¿qué están haciendo ustedes aquí?' a lo que su madre le responde: 'Señor, ¿le ocurre algo?'. Resultó ser que ese hombre estaba totalmente perdido, desorientado, no sabía dónde estaba, no tenía mal aspecto, pero sí se notaba que estaba totalmente desorientado, y se desmayó en la puerta del supermercado. Él pensaba que ellas se habían colado en su casa, y por eso les preguntó. Clotilde y su madre fueron inmediatamente a ayudarlo, llamando a una ambulancia y quedándose con él. Estaba solo.  Los médicos de la ambulancia le preguntaron si conocían a alguien que fuera pariente suyo, y ellas contestaron que no, que lo único que sabían era que él era su vecino, pero de sus familiares no sabían nada. Así que tuvieron que rastrear el teléfono de él para averiguar si tenía algún familiar. Efectivamente, tenía a su hijo, era él el que se estaba encargando de él, porque era una persona dependiente. Los de la ambulancia llamaron por teléfono a su hijo. El hijo, asustado, se fue corriendo al hospital. Los médicos dijeron que había sufrido amnesia, que iba a peor. El hijo había dejado solo a su padre en casa sabiendo la situación de su padre y es curiosa la actitud de este tipo de personas cuando este tipo de situaciones ocurren porque intentan excusarse. 
Se pasó varios días en el hospital hasta que se recuperó, pero siempre iba a ser una persona dependiente porque su enfermedad era degenerativa. Su hijo volvió a quedarse con él con una lección aprendida: jamás volvería a dejar a su padre solo, JAMÁS. Y así fue, cumplió su promesa a rajatabla, y nunca jamás se volvió a quedar solo, y gracias a eso, el hombre mayor se sentía menos solo y empezó a sentirse querido, y para su hijo fue una lección muy valiosa, porque dijo: 'sin mi padre, yo no estaría aquí.'
Las personas dependientes también son personas, y no merecen nunca estar solas. NUNCA.

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