Ir al contenido principal

Lo que conseguí escribiendo

En una etapa bastante avanzada de su embarazo, Clotilde sentía cada vez más ansiedad, más agobio, más estrés y más incomodidad. Se sentía como era normal muy hinchada y bastante tristona, tenía las emociones a flor de piel por lo que venía y por el cambio que suponía para su familia. Evidentemente, no quería transmitir ese malestar a su familia ni a su marido ni a sus hijos, así que tenía que intentar fingir e intentar poner buena cara, aunque Martín sabía que algo no estaba bien.
Clotilde, después de hablar con Martín y decirle cómo se sentía, decidió coger su ordenador, pero esta vez, no para redactar informes ni para enviar documentos, etc., sino para escribir. Había abierto una hoja de word, y se había puesto a escribir como forma terapéutica, para reducir ansiedad.
Ella no era consciente de que eso podía reducir la ansiedad, ni hacer que se sintiera mejor ni mucho menos que fuese una terapia. Pero conforme escribía y escribía, se iba encontrando cada vez mejor, y se llevó como dos horas escribiendo.
Martín la miraba aliviado, porque sabía que la estaba ayudando, aunque su tripa complicaba en muchas ocasiones la postura en la que se ponía.
Después de escribir durante dos largas horas, se sentó con Martín y con sus hijos en el suelo donde tenían una pequeña alfombra de juegos donde solían ponerse todos los días a jugar con ellos y a contarles historias.
Clotilde, entonces, descubrió una manera más de liberarse del piloto automático y de ver el estrés y la ansiedad como una montaña que hay que escalar con firmeza, entereza, cariño y paciencia, y no como una pared de cemento inquebrantable.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un estado de paz que no llega.

Recordáis que Clotilde había intentado y estaba, junto con Martín, llegar a un estado mental tranquilo, y de paz, pero resulta ser, que nunca llegó. Creían que sí porque habían tenido una temporada muy buenas, pero no, siempre había algo detrás que hacía que ese estado de paz y de control emocional nunca llegara. ¿Por qué era tan difícil? ¿por qué el ego superaba siempre ese estado mental al que querían llegar?  Clotilde se había visto así misma sentada en la tierra, en la tierra de un bosque donde sólo estaba ella y una arboleda con un color verde naturaleza que jamás había visto antes. Sentada, agachada con los brazos abrazándose a ella misma mientras cogía un poco de tierra del suelo y se fundía con ella, y a su vez pedía perdón, por no llegar, por no ser, por no entenderse y por dejar que el ego y las emociones pudieran con ella. Pidiendo permiso a la tierra para poder fundirse con ella y extenderse esos ramilletes de tierra desgastada y verde sobre sus piernas y brazos, llorab...

La adaptación a un mundo nuevo.

Después de llevar meses en Suecia, con la escuela infantil inaugurada, Clotilde comenzó a pensar en informarse a través de libros, introspecciones esotéricas consigo misma, sobre las situaciones que, como ya dije en capítulos anteriores, no tenían explicación como tal.  Compartiendo todas estas inquietudes con Martín, al final, juntos, comenzaron esta nueva aventura esotérica a través de rituales de calma, autodescubrimiento, y paz interior para volver a encontrarse a sí mismos, pero juntos. Se dieron cuenta de que siendo así, podrían llegar al fondo de muchas de las discusiones que anteriormente tenían, para poder sanar, ponerle remedio y seguir avanzando hacia el camino que habían construido juntos.  Desde que se metieron en el mundo del esoterismo, no faltaban en casa velas, incienso, tarots, libros sobre esoterismo y objetos de limpieza espiritual. Y también, desde entonces, no faltaban en casa un día en el que no estableciesen un día para hacer su ritual de calma, de paz ...

Una visita esperada, pero a la vez, inesperada.

Cada día mejoraba aún más su situación, pero eso no sería lo único, iban a tener una gran sorpresa, después de varios meses de la inauguración, una visita que no se esperaban, al menos, tan pronto.  Los padres de Clotilde, sin avisar, se presentaron en Suecia.  Una visita esperada pero a la vez, inesperada tanto para Clotilde, como para Martín, pero aún más, para los pequeños. El mensaje de su madre: 'cariño, ¿estáis en casa?' la dejó totalmente sorprendida, porque, como ya sabéis, los padres sabían que su casa, ya no era España. Así que, minutos más tarde después de asumir el mensaje, Clotilde le respondió diciéndole: 'Claro, ¿Dónde estáis vosotros?' y ante ese mensaje, su madre la llamó por teléfono diciéndole: 'Cariño, nos recoges en el aeropuerto?' A Clotilde ahí se le cayó el teléfono. Martín preguntó inmediatamente a Clotilde y asustado qué había ocurrido, a lo que Clotilde le contestó - Amor, ¡mis padres están aquí!- Martín, sin palabras, cogió el teléfon...