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La familia reunida de nuevo.

 Era una tarde soleada, la familia se había reunido con Clotilde y su marido, las cosas se habían estabilizado y por fin podrían ver a Rosalía y a su pequeña recién llegada al mundo. El pequeño de la familia, Gerardo, traía grandes y maravillosas noticias. Su mujer se había quedado embarazada, el pequeño de la familia iba a ser papá. Como ya sabéis, las noticias vuelan. Tanto padres como hermanos, no podían estar más felices de enterarse de tal acontecimiento. Como tuvieron por fin la oportunidad de verse, pasaron unos días juntos, celebrando que la pequeña de la familia, hija de Rosalía, estaba bien, que todos estaban bien, y la espera del pequeño Javier, hijo de Gerardo. Se dice siempre que después de la tormenta vuelve la calma, y así fue, después de la incertidumbre de saber cómo evolucionaba la pequeña de Rosalía, de cómo estaba la madre, y el comienzo de la vida de Clotilde, todo volvía a su estado normal, y además con más que buenas noticias. Mientras, en el mundo que les ro...

Despertares y amor desde temprano.

 Nunca tuvo buen despertar, pero su marido siempre hacía que se levantara como una rosa, brillando con esa luz que desprendía, le acariciaba la mejilla, le daba un beso y le decía: 'buenos días, preciosa.' y cuando ella se giraba, él la abrazaba por detrás. Cuando él pasaba su brazo hacia su cintura y la arrimaba hacia él, ella le agarraba el brazo como si jamás se quisiera desprender de ese momento ni de él, cosa que era siempre, verdad. Siempre soñó con este momento, siempre. Siempre la despertaba él primero, porque sabía que ella no tenía buen despertar y nunca se atrevió a torcer su día por no tener esos detalles que él sabía que la hacían feliz. Siempre le decía cuando terminaban de desayunar 'anda gruñona, vamos a trabajar.' A mediodía él estaba esperándola apoyado en la columna del su piso que por fin habían comprado, a ella le brillaban los ojos como nunca cuando abrió la puerta y lo vio allí apoyado.  Le dio un beso y él le dijo: - Cariño, estás hoy más precios...

La pirotecnia y sus consecuencias.

Era una tarde bastante cálida de invierno en tierras sureñas, cuando Clotilde bajó al parque más cercano que tenía a Rayley, su mascota, cuando llegaron al parque, Clotilde soltó a la pequeña para que corriera, aunque siempre estaba pendiente. Corría pero siempre volvía al sitio donde estaba Clotilde. La pobre Rayley lo pasaba bastante mal porque en estas épocas navideñas, son muy típicos los petardos y a ella le daban bastante miedo, así que en un momento, se coló a través de la verja y se metió en el polideportivo que se encontraba al lado, asustada. Clotilde, más asustada que ella, la llamó a voz en grito 'RAAAYLEEEEEEY' a lo que ella vino corriendo hacia su dueña asustada. Clotilde la amarró y se la llevó corriendo a casa, tirando Rayley de ella sin miramiento alguno.  Cuando llegaron ambas a casa, su madre le preguntó: - ¿por qué estáis tan agitadas? a lo que ésta respondió: - mamá, Rayley no para de asustarse, ¡se ha saltado el parque y ha llegado hasta el polideportivo! ...

Un vacío que jamás desaparece.

 Ella lo dijo, lo decía siempre, la vocecita que sentía era ella hablándole y diciendo: 'sabes que tienes que hacerlo igual que yo.'.  La memoria de las personas que honramos siempre quedan en nosotros. Se han ido cientos de miles de personas este último año, familias destrozadas, todo eso no son números, son personas, son familias. La mayoría se han ido por la pandemia mundial que estamos viviendo, otras se han ido por otros motivos, pero se han ido. Se juntó el hambre con las ganas de seguir puteando. Se juntaron las malas noticias y sólo nos queda pedir un último deseo: que este año pase. Amad a las personas que aún están con vosotros y honrad la memoria de todas aquellas que ya no están.  Todo se está torciendo, las palabras se tergiversan constantemente, los versos se nublan y se tiñen de dolor, las caras de las personas muestran reticencia. Se le pregunta a las nubes por qué están tan estáticas y por qué no se mueven, no se encuentra explicación. Se pasea sin rumbo ...

El hilo rojo.

 Amaneció a su lado, seguía aún dormida y Pablo se había levantado como siempre, antes que ella, se levantó, le dio un beso abrazándola, se vistió y se fue a trabajar. Ella siguió durmiendo y a la hora y media, se levantó, se dio cuenta de que se había ido y le escribió un mensaje como siempre hacía diciéndole: 'ten muy buen día mi amor, te quiero.'. Él era consciente de que ese mensaje lo recibiría todos los días de su vida. Se vistió, se preparó el desayuno y empezó a trabajar, como bien sabéis, trabajaba desde casa. Su madre había llamado por teléfono preguntando si tenía mucho lío porque le apetecía quedar con ella para tomar algo, echaba de menos pasar sus ratitos madre - hija con ella. Ella le dijo que tenía que trabajar y que si no le importaba que quedaran por la noche para cenar y la madre le dijo que si quedaban para cenar ella tenía que quedarse a dormir en casa y entonces Clotilde dijo que si era así, prefería quedar para almorzar al día siguiente; el pasar esa noch...

Clotilde y sus incontrolables emociones.

 Clotilde decidió irse a vivir con su pareja a un piso en un barrio distinto del que vivían sus padres. La familia estaba especialmente contenta de que su hija por fin pudiera independizarse y que su trabajo a través de las redes sociales dieran sus frutos, después de tantos años currando en ello. El proceso de la mudanza, todos sabemos que es un estrés, Clotilde no era una persona especialmente paciente ni tenía un carácter que demostrara lo contrario. Hubo bastantes discusiones entre la pareja porque era la primera vez que organizaban y que se metían en una mudanza y suponía que Clotilde estuviera especialmente irascible y enfadada. Su pareja no hacía más que repetirle: - Como sigas así no sé si podré atreverme a dar más pasos en nuestra vida contigo.-. Clotilde se arrepentía constantemente de ser así, y siempre le pedía disculpas, sobre todo porque sabía que la que cometía el error, era ella. Al final siempre decía: - Si lo que más deseo del mundo, es pasar el resto de mi vida c...

El amor nos hace estar vivos.

El amor nos hace mejores. El amor siempre nos hace crecer, cualquier tipo de amor. Un amor que sin contacto nace. Se percatan en el universo del amor que se siente. Se te inunda el cuerpo de sensaciones. Eso es estar viva, sentir algo. Levantas la mano y te acaricias el pelo queriendo decirte a ti misma 'sigo estando aquí'. Piensas que algunos genes humanos son maravillosos. Te planteas qué pasaría si dejáramos de existir y dejáramos al mundo solo. Te planteas tus sentimientos porque no sabes qué estás sintiendo ni si lo que estás sintiendo está bien y tampoco sabes si es real. A la vez que te planteas eso, te planteas que sigues viva, y que estás sintiendo, lo que significa que la vida te está dando una segunda oportunidad en lo que sea que hayas perdido. Siempre vas creciendo, poco a poco siempre creces. Avanzas tanto para bien como para mal, porque lo malo te hace aprender y lo bueno siempre te hace crecer.  Te estancas y tienes momentos en los que no te quieres mover de la ...