lunes, 15 de abril de 2013

Un día normal. 1:29.

Mañana hay clase, es un Martes normal y corriente (por la hora que es).
Yo tengo planeado que mañana... salga el sol, después... ya veremos. 
-¿Tú qué tienes planeado conmigo?
+¿Yo?
-Evidentemente, no hablo al aire, no me contesta.
+El seguir contigo.
-¿No decías que no te cabía ninguna duda de que seguirías conmigo?
+Vamos a ver, seguir, sigo. 
-¿En qué sentido?
+¿Qué somos?
-¿Y tú me lo preguntas? lo sabes mejor que yo.
+Ay... no.
-Amigos.
+Ya, sí...
-¿Ves? y ahora empezaremos a dudar.
+Yo nunca dudo.
-Dejémoslo en el sentido que tú le has querido dar, ¿de acuerdo?
+Pero... 
-Quiero complacerte hoy.
+Soy muy realista y estás haciendo, por lo que me dices, que no lo sea.
- Sé que lo eres, déjate llevar.
+ No quiero dejarme llevar, no soy así.
-Yo no puedo evitar que te equivoques.
+ ¿Reconoces que siendo realista me estoy equivocando? ¿sabiendo tú también que me equivocaría si hiciese todo lo contrario?
- Nada de eso, ser realista no es malo.
+No entiendo nada.
-Ya lo sé, lo entenderás cuando ocurra.
+¿Cuando ocurra qué?
-El amor en ti, cuando dejes de esconder el lado que tiene que salir de ti, y eso precisamente, no seré yo quien lo haga.
+No escondo nada...
-Hasta mañana, que duermas bien, no perturbaré tu sueño.
+ ... 

sábado, 13 de abril de 2013

1:26.

Me estoy cansando y no estoy inspirada.

viernes, 5 de abril de 2013

5/04/2013.

Me encanta oír cada golpe suave que das sobre unos platillos, supongo que porque haces cosas que a través de golpes transmites. Si lo haces a un ritmo especial, terminaré llorando.
Te vuelves loco, golpeas muy fuerte, no tienes nada en la cabeza, sólo golpeas, te gusta hacerlo. 
Estoy escuchándote, mis ojos están bañados en lágrimas, porque jamás te vi así. Me estás mirando, te desconcentras y te pierdes, yo me pregunto: "¿Por qué paras?"
Dejo de mirarte, porque necesito que sigas. No sigues. Intento que sigas de todas las formas posibles, pero no pude hacer nada. Me alejo de ti y salgo de la tienda en la que nos encontramos. Me coges del brazo, me llevas de nuevo a la tienda, te vuelves a sentar donde estabas, y comienzas a golpear, pero de forma muy, muy suave.
El dependiente nos mira, muy extrañados, nos pregunta qué nos pasa. Le contesto al dependiente que no nos pasa nada, que estamos bien, me digné a preguntarle por qué hacía tal pregunta, él contesta que se nos ve demasiado pálidos, le pregunté que qué insinuaba y le supliqué que no hiciera más preguntas, nos pidió disculpas y nos dijo que continuáramos, le dije que era muy amable y le di las gracias.
Nosotros continuamos con nuestro ritual, tocar.
Tú paras y me suplicas que deje de llorar, te transmite impotencia y no puedes continuar. Me cedes un pañuelo, el cual tiene un olor muy tú, lo olisqueo un poco y... automáticamente dejo de llorar.
Me sonríes y sigues tocando. Yo no pude sonreírte, era superior a mis fuerzas, te miré con ojos de cordero degollado, suplicándote con dicha mirada que no pararas de tocar nunca.
Te dije que tenía que irme, que me necesitaban y... por último, te supliqué que no dejaras de tocar hasta que no me vieses desaparecer.
Me dejó marchar, continué mi camino hacia mis amigas, las cuales me vieron muy pálida. Me preguntaron qué hacía yo en esa tienda, yo sola, les dije que me gusta muchísimo la música y que... sólo escuchar ese golpe... me hacía bañarme en lágrimas. Me dijeron que a ese chico no le conocía de nada, y que me podía haber hecho cualquier cosa, que estuviese más atenta. Les dije que las quería, pero que no podían evitar que me hiciesen daño, pero además, en esta ocasión, había pasado el mejor momento de mi vida, y no precisamente por el chico, ya que no le conocía, sino... los golpes, esos golpes...
Esos golpes para mí transmitían historias nostálgicas, no de mi vida, sino... historias nostálgicas que me hacían llorar de emoción, y de pena, y que por ello estaba así.
Lo más raro de todo, es que ese chico sabía más de lo que yo creía sobre mí, y eso no me gustaba, no me fío ni de mi sombra.