Un nuevo año, un nuevo rumbo de vida. Habían pasado las fiestas de navidad y había entrado un nuevo año, un año donde la esperanza y la entrada de nuevos cambios tomarían protagonismo. El año comenzaba con el más pequeño de los hijos de Clotilde, que cumplía dos mesitos de vida, enfermo, una bronquitis de campeonato, con ingresos, tratamientos y estancias en el hospital que se hacían eternas. Después de varios días, al fin se veía la luz, el pequeño se recuperaba poco a poco, aunque seguía estando en riesgo porque era muy pequeño, pero ya podían volver a casa. Mucho estrés, preocupación, ansiedad, intranquilidad por el estado del bebé, e incluso noches con llantos incluidos, que superaron como campeones. Martín, después de llevar meses en su nueva empresa, superar períodos de adaptación, hacerse poco a poco al trabajo, se dio cuenta de que se estaba engañando, sí, así era, engañando así mismo. Siempre pensó que el formarse, hacer laboratorios, sacarse certificado...