sábado, 3 de octubre de 2015

Ya, día 4.

Supongo que te pasará eso de releer todo lo que escribes, a veces para ver si tienes alguna falta, otra para ver si tiene sentido, para ver si queda bonito... o también hay otros casos en los que simplemente, lees por inspiración, porque sabes que te apetece escribir, y vuelves a inspirarte según tus escritos. Esas cosas pasan porque según lees, asocias lo que has escrito anteriormente a la situación en la que te encuentras en tu vida. Una vez que terminas de releer, empiezas a pensar en tu vida, no piensas en lo que ha cambiado, sino en lo que vas a escribir después de pensar en tu vida y asociarlo con tu situación actual. Empiezas a escribir pensando que vas bien encaminado/a, hasta que te das cuenta de que lo que estás escribiendo no tiene sentido porque has empezado a mezclar los sentimientos que se han venido a la mente mientras leías, con lo que estás sintiendo en tus circunstancias actuales. Con lo que vuelves a borrar y empiezas de nuevo.
Ya la cosa va cobrando sentido, una vez que empieza a cobrar sentido, te centras en una historia medianamente real que va fluyendo según tu corazón y el cerebro, en este caso, ambos se sincronizan. Ahora, vas sola/o, es decir, que ahora no puedes parar de escribir, está siendo todo tan mecánico y tan... cómo decirlo, automático, que te gusta.
Eso mismo me está pasando a mí ahora. 
Cuando llevas la mitad del relato, te paras porque te colapsas, ya no sabes cómo continuar tu historia, pero no te levantas de la silla. Al cabo de... unos 15 minutos, vuelves a escribir creyendo que ya tienes la solución perfecta, a lo que continúas escribiendo, y vuelves otra vez al comienzo, a escribir sin sentido hasta que se vuelven a sincronizar otra vez corazón y cerebro, que es como si hubieran colgado el teléfono. Una vez que se sincronizan, vuelves a continuar la historia. Sientes en el cuerpo una sensación de calma inconmensurable, puesto que has sabido continuar la historia. 
Das las gracias por poder continuar y sigues. 
Al cabo de un buen rato de relato, te paras y lees lo que has estado escribiendo. ¿A qué conclusión llegas? Yo te lo diré: a que tu relato no tiene absolutamente nada que ver con lo que pretendías escribir y que en realidad has escrito lo que sientes actualmente con respecto a tus circunstancias actuales, que sí, que te has inspirado en algunos escritos porque te han llevado a momentos sentimentales importantes en tu vida, pero... en realidad, te acuerdas, pero no sientes aquello, escribes y sientes según tu propia actualidad. Sí, es verdad que en aquel momento has sentido cosas tan fuertes que has tenido que plasmarlas en algún lugar inhóspito como este, pero... te duele tu actualidad y escribes según tu actualidad. Recuerdas y te inspiras, pero vives y escribes según historias de tu actualidad. 
¿Qué quiero decir con este rollo? Que recordar el pasado es crear más dolor sobre el que ya tienes, pero en realidad el dolor más fuerte es el pasa por tu actualidad. Sientes y padeces según tu actualidad, no según tu pasado. No sientes por y para tu pasado, sientes por tu presente. 

FDO. Rosa.

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