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Recién llegados y durante el viaje, con lágrimas en los ojos.

Ninguno de los dos lo podía creer: se habían ido, se habían ido de España para siempre. Con lágrimas en los ojos, Clotilde y Martín veían cómo con ese avión se iban los abrazos que se daban cada fin de semana cuando iban a ver a los abuelos, veían cómo dejaban allí una vida llena de abrazos, de reencuentros, de emociones, de comienzos, y ahora también, de despedidas. 

Pero también veían un nuevo comienzo, un comienzo donde habría nuevos abrazos, nuevos reencuentros y nuevas emociones. Todo lo que dejaban aquí, sabían que lo iban a recuperar, porque no era en un adiós, sino un hasta luego.

Por fin, después de varias horas de vuelo, llegaron a Suecia, con los tres pequeños cansados y revueltos del viaje.

Llegando en coche a casa, el taxista les preguntó qué tal se vivía en España, a lo que Martín contestó que se vivía bien, a lo que el taxista contestó (en inglés claro): - Y entonces, ¿Por qué están ustedes aquí? - Martín y Clotilde les contestaron en conjunto y con alegría: - Porque hay oportunidades que no se pueden desaprovechar, pero una cosa no quita la otra, no olvidamos de donde venimos, señor. -. 

Sea donde sea, la cuestión no es el sitio donde naces, sino dónde tú haces hogar con las personas que quieres y no olvidar de dónde vienes.



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